Tiahuanaco

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escudo bohic

Proyecto Tiahuanaco

Cuando la conquista del Perú por Pizarro, los incas aseguraban que de Tiahuanaco no habían conocido jamás otra cosa que ruinas. Sus ancianos y sus sabios aseguraban que era la ciudad de los primeros hombres de la Tierra, que había sido creada por el dios Wiracocha.

Arthur Posnansky, a principios de siglo, fue el primero en proponer una datación de Tiahuanaco en función de los alineamientos de sus monolitos hacia determinadas posiciones estelares.
Determinó que el ángulo en el que se encontraba el horizonte de Tiahuanaco en el momento de su construcción (oblicuidad de la eclíptica, no confurdir con el fenómeno de la precesión) era de 23º 8´ 48´´ y correspondía a una fecha indeterminada alrededor del 15.000 a.C.

Durante los años 1927-1930, varios científicos de otras disciplinas revisaron minuciosamente las investigaciones de Posnansky. Estos científicos, miembros de un poderoso grupo que estudió también muchos otros yacimientos arqueológicos en los Andes, eran el doctor Hans Ludendorff, a la sazón director del Observatorio Astronómico de Postdam, el doctor Friedrich Becker, del Specula Vaticanita, y otros dos astrónomos: el profesor Arnold Kohlschutter, de la Universidad de Bonn, y el doctor Rolf Muller, del Instituto Astrofísico de Postdam.

Al cabo de tres años de minuciosos trabajos, los científicos llegaron a la conclusión de que Posnansky tenía básicamente razón, y su fecha propuesta de 15.000 a.C. se hallaba dentro de los límites de lo posible.

Posnansky desarrolló una teoría según la cual una avanzada civilización pobló América mucho antes de lo que la mayoría de los expertos suponían y que aquella civilización se extinguió tras un cataclismo devastador. E inevitablemente emergió un nombre para explicar el origen cultural de Tiahuanaco: la Atlántida.

Ese fue su error. Las conclusiones de Posnansky fueron arrinconadas a causa de sus elucubraciones sobre ese continente académicamente maldito.

Según algunas tradiciones andinas nos hablan de que el nombre primitivo de Tiahuanaco era "CHUCHARA" y de que existían dos ciudades una debajo de la otra, siendo la principal la subterránea. En la superficie vivían los trabajadores y se encontraban los talleres. La ciudad subterránea nos daría la clave de una sorprendente civilización, que se remonta a los primeros tiempos. Se accedía a ella por varias entradas que desembocaban en el recinto de Tiahuanaco.

Sin descartar ni menospreciar estas antiguas tradiciones y sumando los datos recogidos durante muchos años de investigación por nuestro equipo Bohic Ruz, pensamos de que a una profundidad entre 10 y 25 metros, existe otro Tiahuanaco. Estamos de acuerdo con las investigaciones y conclusiones de Oswaldo Rivera (ex director del INAR, Instituto de Arqueología de Bolivia). Pensamos que podría ser una enorme ciudad hundida, que debió albergar la cultura original del lugar.

Actualmente no disponemos de las suficientes pruebas debido a que solamente se ha excavado un 5% de su superficie. Hasta la fecha hay detectados cinco periodos para Tiahuanaco, y hay una evidente relación de unos con otros. Pero no sabemos todavía si se encontrará una cultura pretiahuanaco.

 

Ruinas en el lago Titicaca

La búsqueda de tesoros arqueológicos es lo que ha motivado la mayor parte de las expediciones al lago Titicaca. En este sentido, destaca la figura del submarinista norteamericano William Mardoff, contratado en 1956 por un millonario boliviano para rescatar un supuesto tesoro que se encontraría oculto entre el cieno y la abundante vegetación acuática. Tras una larga búsqueda, si bien no encontró tesoro alguno, Mardoff describió detalles de "una ciudad de titanes sumergida y semicubierta por el lodo y las algas".

En 1968, el argentino Ramón Avellaneda encabezó la llamada expedición Fer de Lance. La gran cantidad de fotografías y películas logradas constituyen la evidencia más contundente sobre la existencia de ciudades sumergidas en el lago sagrado. Los buzos que integraban esta misión subacuática encontraron enormes piedras monolíticas, ensambladas entre sí, formando murallas, similares a las de Sacsayhuamán. También hallaron caminos perfectamente pavimentados con enormes losas de piedra que se perdían entre el barro y las algas. Analizadas las fotos, se llegó a la conclusión de que se trataba de ruinas megalíticas.

En 1979, mientras se filmaba la película El Lago Sagrado, bajo la dirección del investigador Hugo Boero Rojo, el equipo encontró "murallones ciclópeos similares a la fortaleza de Sacsayhuamán". Los periódicos de La Paz publicaron el 4 de diciembre de 1980 las declaraciones de los submarinistas: "Se hallaron monumentales bloques de piedra que parecen ser muros de templos semidestruidos, veredas enlosetadas que se pierden en las cavernas profundas, caminos que se internan en las profundidades del lago".

Las más antiguas tradiciones de los Kipus coinciden con los descubrimientos de Mardoff, Avellaneda, Squier y Boero. En la crónica "Copacabana de los Incas", de Baltasar de Salas, se hace referencia a "moradas imponderables, porque nunca existieron tan excelsas, ni jamás volverán a existir sobre la Tierra semejantes a ellas", de una suerte de "vergel plantado por el mismo Dios desde el primer día del Universo; e incrustado en las nítidas faldas de la triforme montaña de nieves perpetuas del Ariccaxxa e Illamphu, y del Aukyuma y Ccanawiri". Y se añade: "Nunca podrán narrarnos esas magnificencias hermosuras, ni los mismos cherubes (querubines) que las conservaron limpísimas hasta el diluvio, cuyas fenomenales aguas las habían convertido en fatídicos cenotafios aplanados y cubiertos por el lago del Intiwara o Tharip-wira-ccocha".

Arqueología Submarina en el Titicaca
arqueologia submarina titicaca




El lago Titicaca, situado a casi 4.000 metros de altitud en la cordillera andina entre Bolivia y Perú, oculta bajo sus aguas restos de civilizaciones de más de 2.000 años que un revolucionario plan de arqueología subacuática trata de revelar.

--Equipo Bohic Ruz