La Cueva de los Tayos

Un Misterio sin resolver

arqueología, mundo subterráneo
By: Francisco Serrat & Angela de Dalmau
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    La Cueva de los Tayos

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Las míticas Cuevas de los Tayos, se hallan en plena selva ecuatoriana, en territorio jíbaro (deseamos manifestar que el nombre jíbaro es despectivo para ellos y por respeto a sus costumbres en vez de jíbaros los llamaremos shuaras, como ellos mismos se nombran).
El pueblo shuar vive al sudoeste del Ecuador en las estribaciones de los Andes que se confunden con la Cuenca Amazónica.

El acceso a las cuevas sólo es posible gracias a su ayuda, ya que los shuaras conocen su localización por ser amantes de la carne del pájaro tayo o "tayu" en su idioma, extraños pájaros nocturnos que habitan estas cuevas de donde deriva su nombre.

La entrada principal de las cuevas es una especie de chimenea tallada en la roca de más de 60 metros de caída libre. En su interior, polémicos exploradores como Juan Moricz, Erick von Däniken, o sacerdotes como Carlos Crespi, habían encontrado, según sus relatos, láminas de piedra y oro con signos ideográficos grabados.

Información y Leyendas de las Cuevas

A primeros de los años setenta los arqueólogos se sorprendieron al leer en la obra de Erich von Däniken, "El oro de los dioses", la descripción pormenorizada de una vasta red de túneles construidos por una civilización desconocida en la selva amazónica ecuatoriana. Con su relato el escritor e investigador suizo inmortalizó para siempre y sin saberlo las famosas "Cuevas de los Tayos" y el aparentemente complejo e inexplorado sistema de túneles que parten de sus entrañas.

En su interior, polémicos exploradores como Juan Moricz (supuesto descubridor de las cuevas en 1965), y sacerdotes como Carlos Crespi, habían encontrado láminas de piedra y oro con signos ideográficos grabados que describían, según ellos, los orígenes de la historia de la humanidad. Däniken interpretó aquello como una prueba irrefutable de la visita de extraterrestres en el pasado del planeta, mientras que otros investigadores, más cautos, prefirieron retrasar sus conclusiones hasta no examinar todas las evidencias.

Däniken declaró que habia estado en el interior de las cuevas con Juan Moricz (que luego se comprobó que no era verdad) y no precisó la situación exacta del lugar donde dijo que estuvo . Solamente se limitó a asegurar que "en la provincia de Morona-Santiago, en el triángulo Gualaquiza, San Antonio, Yaupi, región habitada por indios hostiles, se encuentra la entrada, ancha como el portón de un granero, practicada en la roca".

 

¿Cuevas artificiales construidas por una civilización desconocida o cuevas naturales?

 

Expedición a las Cuevas por miembros del equipo Bohic Ruz
Francesc Serrat   En 1990, el explorador Francesc Serrat y Angela de Dalmau, miembros del equipo Bohic Ruz en aquel entonces, realizaron una expedición a la selva ecuatoriana para explorar las Cuevas de los Tayos acompañados de los indios shuaras. Francesc pudo descender en su interior realizando una investigación minuciosa de las mismas y las conclusiones a que llegó difieren mucho de los planteadas y difundidas por Eric Von Däniken y Janos Moricz.
Relato del Descenso

Con la ayuda de los diestros shuaras, en un momento estuvo preparada una estructura de troncos que serviría de soporte para las cuerdas de descenso. Uno de los shuaras se ofreció a hacernos de guía dentro de las galerías que, según él, conocía a la perfección. El descenso fue muy duro, no sólo por los 60 metros, sino también por la inexperiencia de los acompañantes shuaras con los modernos aparatos de espeleología. A unos 300 metros de la embocadura, ya bajo tierra, se abría la gran galería donde supuestamente se dieron los hallazgos de Juan Moricz y donde la expedición científica ecuatoriano-británica del año 1976 (Padre Porras) encontró los restos de cerámica y objetos ornamentales.

Antes de llegar a la gran sala se reconocieron y fotografiaron aquellos lugares que menciona Däniken y que también se muestran en sus libros. Si bien Däniken no estuvo jamás en el lugar, las fotos que publica en sus libros y que según él le cedió Moricz, son realmente del mismo lugar.

candelabro de paracas

 

Ahora ¿era ésta la misma cueva donde Juan Moricz descubrió la importante biblioteca o nos despistaba a todos con su fantástico relato?.

Realmente las paredes de los túneles hacían pensar en una obra realizada por el hombre y las fotos aún lo hacen más evidente, pero en realidad su formación es "natural". Tanto en el exterior como en el interior de la cueva, la roca se desploma o se separa por lajas, dejando en su lugar ángulos perfectos.

Después de seguir con dificultad a los shuaras por las galerías, llegamos a una amplia sala, lugar preferido por los tayos para concentrarse y nidificar. Iluminando el techo con el haz de luz de las linternas a unos 20 o 30 metros de altura, resplandecían cientos de puntitos rojos, eran los ojos de los tayos que descansaban en las cavidades de las rocas sobre sus nidos. Estos son pequeños y tienen forma de cono con un pequeño hueco en su extremo. Los nidos alcanzan una cierta altura con los años debido a los excrementos y semillas apelmazados con que se forman.

Cuando los shuaras entraban en las cuevas en épocas que no hay polluelos, cazan a golpes de bastón todos los tayos que pueden. Este era el caso de nuestros acompañantes. Dentro de la gran galería saltaban y gritaban acorralando algunos tayos hacia las estrechas galerías donde eran alcanzados con sus palos. Mientras nosotros caminábamos con dificultad hundiendo nuestras botas en el fértil y pestilente guano y vigilando que al apoyar nuestras manos en las paredes o en el suelo no fueran a descansar sobre un escorpión o una tarántula. Al iluminar cuidadosamente las paredes a nuestro alcance nos sorprendía descubrir la presencia de numerosos insectos algunos de ellos de aspecto terrorífico pero totalmente inofensivos.

La Zona Prohibida

Durante uno de los últimos días de nuestra estancia con los shuaras fuimos cortésmente invitados en una de sus fiestas. Los más de veinte shuaras de los alrededores que asistieron al acontecimiento nos recibieron con enorme simpatía, situación que se contradice enormemente con las descripciones hechas por otros investigadores, que tratan a los shuaras como indios hostiles que protegen a muerte la entrada a las galerías. Sin embargo, en la fiesta, uno de nuestros acompañantes mestizo escuchó cómo un shuar le decía a otro:

"Espero que los blancos no hayan visitado la zona prohibida".

Este comentario abrió de repente nuevas incógnitas: ¿nos escondían algo aquellos amables indios?, ¿lo que nos escondían estaba relacionado con los misteriosos tesoros?, ¿o más bien se referían a aquellas zonas donde viven sus divinidades y donde ellos aún hoy aseguran haber visto sus huellas?.

Aquello nos impulsó a explorar con más detenimiento los alrededores de la entrada principal a las galerías. Investigando en los exteriores encontramos finalmente otras entradas laterales de la cueva, pero de difícil acceso. Descubrimos una estrecha galería que no figuraba en el mapa de la expedición del padre Porras. Dentro de ella encontramos las huellas de un jaguar, lo que nos hablaba de otras entradas a la misma cueva pero a pie llano y la huella de una impresionante anaconda que nos confirmaba la comunicación de una de las galerías con el río.

NOTA: Cualquier persona interesada en saber más información sobre los trabajos de Bohic Ruz en la Cueva de los Tayos enviar email a: explorer@bohicruz.com

Informes

+ El Padre Crespi

Las pólemicas planchas de oro del Padre Crespi

cueva tayos padre crespi

Para muchos, la primera evidencia digna de crédito presentada por Erich von Däniken sobre los túneles de Ecuador fue su relato sobre las misteriosas planchas de oro custodiadas por el padre Crespi. No obstante, hubo algunos investigadores que sin dejarse cegar por las deslumbrantes conclusiones de Däniken al respecto de la tecnología alienígena que presuntamente realizó los túneles, comenzaron a indagar sobre el significado de las planchas basándose en las imágenes publicadas por el investigador suizo.

Las primeras sorpresas llegaron en 1976, cuando el filólogo hindú Dileep Kumar Kanjilal publicó en la primera página de la publicación norteamericana "Ancient Skies" sus revolucionarias conclusiones sobre los símbolos que aparecen sobre una de las piezas de Crespi: una lámina de oro de 52 centímetros de alto, 14 de ancho y 4 de grosor sobre la que se habían grabado 56 signos.... es decir, algo que recordaba una especie de ininteligible alfabeto antiguo.

"Los eruditos son de la opinión, señala Kanjilal en su primera aproximación a la enigmática plancha de oro, de que los incas no tenían escritura en el sentido alfabético del término. Pero las letras encontradas (en la plancha) apuntan claramente a la existencia de una muy desarrollada forma de escritura en Sudamérica algunos siglos antes del nacimiento de Cristo, y análisis minuciosos revelan que los escritos de la estela pertenecen a la clase de escritura Brahmi, usada en inscripciones, edictos en roca, placas y versos que pertenecían principalmente al período Asokan de la historia de la india, en el siglo III antes de Cristo".

Kanjilal prosigue sus explicaciones añadiendo que de los 56 signos visibles en la plancha, medio centenar son perfectamente identificables con signos Brahmi, y que incluso en otras estelas de Crespi semejante identificación alcanza porcentajes aún mayores. Lo sorprendente de su afirmación no es tan sólo su precisa identificación, sino que con ella desbarataba por completo la hipótesis del fraude. Y si no se trata de fraude, ¿cómo se explica la presencia de esos signos hindúes en Ecuador?

Ni que decir tiene que las deducciones de Kanjilal cayeron como una bomba entre los curiosos del caso Crespi. Y sus efectos se multiplicaron cuando éste hubo finalizado la traducción de la plancha que, en resumidas cuentas, venía a decir:

"La ofrenda de las oblaciones y el murmullo de los orantes son espontáneos; el murmullo de los orantes puede por sí mismo llegar al cielo, como Sudâsa quien también fue elevado (a los cielos). ¿Oh tú, poderoso señor!, rezamos con los sutras mientras sometemos los dolores físicos. Meditamos en ti, que vives más allá de las aguas, que vienes con las nubes y que posees agudas garras".

El texto, como suele suceder en esta clase de controversias arqueológicas, más que aclarar el misterio suscitó nuevos interrogantes.

El Padre Crespi, salesiano de la Iglesia Mª Auxiliadora de Cuenca (Ecuador), murió en el 1984. Sus tesoros fueron vendidos al cabo de un año de su muerte al museo del Banco Central. La colección era enorme y antes de su compra se hizo una selección donde se descartaron un montón de piezas falsas que ya en la senectud del padre , los indios le entregaban a cambio de algún dinero: piezas y figuras de hojalata, cemento y otros materiales modernos.

+ El Padre Porras

Arqueología de la Cueva de los Tayos

cueva tayos padre porras

Una de las informaciones más extensas sobre las cuevas de los Tayos, procede de un libro escrito por el padre Porras, un arqueólogo bien conocido en todo Ecuador:

Padre Pedro I. Porras G. "Arqueología de la cueva de los Tayos".
Centro de Publicaciones: Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Quito 1978.


El padre Porras había participado en una expedición científica ecuatoriano-británica en el año 1976. En su libro habla de los hallazgos arqueológicos que hicieron los componentes ecuatorianos de la expedición, apreciándose la desavenencia en la metodología de trabajo de los ecuatorianos con los británicos.

No hace ninguna mención de la visita al lugar del astronauta Neil Armstrong, comentada por otros investigadores, lo cual nos hace pensar que el padre Porras estaba muy alejado de los temas misteriosos o bien no les prestaba ningún interés, o mantenía en secreto algunas de sus averiguaciones. Sin embargo en el libro existen interesantes datos, como la ubicación exacta, un mapa de la cueva, la constatación de que allí hubo vida humana (los hallazgos de cerámica y piezas ornamentales, datan del año 1200 AC).

cueva tayos padre porras
+ Andreas Faber Kaiser

Expedición en Solitario

cueva tayos andreas faber kaiser Andreas Faber Kaiser con Juan Moricz

En 1986, nuestro gran amigo ya fallecido y colaborador del equipo Bohic Ruz, el escritor e investigador, Andreas Faber Kaiser, se aventuró en una expedición en solitario, en llegar hasta el mismo enclave de las famosas cuevas. Andreas nunca descendió dentro de ellas, pero si pudo rescatar, según él nos confesó, algunos secretos celosamente guardados por el ya difunto Juan Moricz.

Este es su relato:

La Ley del Silencio

Janos Moricz me abrió su pequeño museo junto a la sede de la Empresa Minera Cumbaratza, y de la Empresa Minera del Sur, en Guayaquil, me mostró parte de su oro, sus fotografías del interior de los túneles, y me obsequio con un plano de los mismos:

"Es usted el primer extranjero que ha tenido el arrojo de ir solo hasta las cuevas. Otros lo han intentado, pero nunca nadie había ido solo. Ha crecido enormemente mi respeto, por lo que, la próxima vez que venga, le prometo acompañarle a la selva. Solamente le pido a cambio que no publique absolutamente nada de lo que ha visto ni de lo que le he estado explicando."

El hallazgo de Moricz

Entre la voluminosa documentación que me entregó Juan Moricz cuando regresé de la selva, figura copia de la Escritura Notarial de protocolarización de la denuncia oficial de su sorprendente hallazgo. La presentó hace casi 20 años al Ministro de Finanzas, y por su intermedio al Presidente de la República de Ecuador, para dejar constancia de la exactitud de sus afirmaciones.

Extracto de esta escritura notarial:

"He descubierto, en la región Oriental, provincia de Morona-Santiago, dentro de los límites de la República del Ecuador, objetos preciosos de gran valor cultural e histórico para la humanidad, que consisten en láminas metálicas que elaboradas por el hombre contienen la relación histórica de toda una civilización perdida de la cual el género humano no tiene memoria ni indicio todavía. Tales objetos se encuentran agrupados dentro de variadas y distintas cuevas, siendo de diversas clases en cada una de ellas.

He realizado el descubrimiento de manera enteramente fortuita, en circunstancia en que, en mi calidad de científico, investigaba aspectos folklóricos, etnológicos y lingüísticos de tribus ecuatorianas. Los objetos por mí descubiertos tienen las características siguientes, las cuales he podido constatar personalmente: Uno: Objetos de piedra y metal en distintos tamaños, formas y colores. Dos: Láminas de metal grabadas con signos y escritura ideográfica, verdadera biblioteca metálica que contiene la relación cronológica de la historia de la humanidad, el origen del hombre sobre la Tierra y los conocimientos científicos de una civilización extinguida".

Más adelante, y siempre dentro de la misma escritura notarial, Moricz no se anda con rodeos ni tapujos cuando se dirige al Presidente de la República:

"Pido a usted se digne nombrar una comisión nacional ecuatoriana de control y de supervisión, a fin de dar a conocer a sus integrantes el lugar exacto en que se encuentran las variadas cuevas y cavernas que contienen los objetos descubiertos. Dejo constancia de que me reservo el derecho de posteriormente, presentar ante quien usted determine, fotografías, películas, e incluso muestras originales que sirvan para ampliar la descripción e identificar claramente la forma, tamaño, disposición y calidad de los objetos por mi descubiertos. Dejo constancia, además, de que en uso de mi derecho de dominio sobre la parte que me corresponde en el hallazgo en conformidad con la Ley, me reservo el derecho de proceder al señalamiento y ubicación exactos del lugar donde los objetos se encuentran una vez que se haya designado oficialmente la comisión que solicito, y ésta se halle reunida e integrada con los científicos, investigadores y observadores que yo por mi parte designe en salvaguarda de mis derechos".

Compromiso de Silencio

El 23 de Julio de 1969 se firmó en Guayaquil un documento que comenzó así:

"Los abajo firmantes, integrantes de la expedición a las cuevas descubiertas y denunciadas en el Ecuador por el Sr. Juan Moricz, nos comprometemos formalmente a no formular declaración alguna periodística, radiodifundida, televisada u otras de similar naturaleza, ni a publicar fotografía alguna relacionada con la expedición, sus incidencias, los objetos preciosos existentes en el interior de las cavernas, la ubicación geográfica del lugar descubierto, las teorías o hipótesis a que conduce el descubrimiento y en general respecto de todos los pormenores de la expedición." Etc.

De hecho, yo podía haber publicado un libro sobre mi viaje a los Tayos ("Tayu Wari" en el idioma de los nativos) tan pronto como regresé a Barcelona, en la primavera de 1986. Pero no me parecía ético. Prefería seguir buscando en esta dirección, como en tantas otras, en silencio. Prefería la postura del propio Moricz, cuando le pregunté que pasaría si él moría antes de poder dar al mundo el mensaje que se había traído del interior de las cuevas: "No pasaría nada. Entonces no habré sido yo el elegido para dar este mensaje".

Lo que hay debajo

De acuerdo con los relatos que personalmente me hicieran Janos Moricz y su compañero Zoltan en Guayaquil y en Vilcabamba, y de acuerdo también con los relatos que escuché en la selva de boca de los transmisores de los conocimientos antiguos de su tribu -entre ellos los jíbaros shuaras Wamputsar y Kajekai Waharai Nunkuich, así como Venancio, que me abordó mientras estaba solo en el riachuelo de la selva lavando mi ropa-, relatos en lo que lo esencial coinciden con los recogidos de boca de Moricz, el interior del Tayu Wari alberga lo siguiente:

Una vez descendida la oscura chimenea de mas de 60 metros de profundidad en la que anidan los pájaros sagrados llamados tayos, recorridos los primeros 300 metros de subterráneos y atravesada la gran estancia bautizada por Moricz como "Domo de Nuestra Señora del Guayas", hay que recorrer dos galerías largas, hasta que se dobla un recodo de 90 grados que forma el mismo pasadizo, y que a renglón seguido conduce a una curva en sentido contrario. De allí se desemboca en una sala circular.

En su centro hay una mesa redonda tallada en piedra, rodeada de siete asientos que son también de piedra. En la pared de roca, detrás de cada asiento, una abertura rectangular. A partir de aquí hay que penetrar en la abertura que esta orientada hacia el Sur. Un pasadizo pequeño, bajo y estrecho, asciende por una pendiente poco pronunciada. Al cabo de una hora larga de lenta ascensión, el túnel vira hacia el Sudeste y asciende ahora en una pendiente mas acentuada. Poco después, el túnel se estrecha aun más, ahora en descenso, y hay que continuar a gatas.

Al poco rato se percibe una luz, al final de la pendiente. La boca del túnel queda separada del exterior por una potente cascada de agua que la cubre por completo. Una vez cruzada la cascada, se llega a un promontorio, abierto en lo alto sobre la selva virgen, y que da paso a una enorme gruta. Junto a ella, en la pared de la roca que forma un precipicio a plomo sobre la selva virgen que se divisa abajo en el valle, un resbaladizo camino enlosado forma una estrechísima cornisa que conduce hasta otra abertura -esta vez pequeña- en la roca: se trata de una pequeña cavidad de solamente tres metros de profundidad.

En el piso de esta pequeña estancia hay dos losas cuadradas de medio metro de lado cada una. Debajo de ella, una estrecha escalera de piedra, que hay que descender hasta llegar a una galería de piso de tierra. Al final de la misma, una bajada extremadamente peligrosa que desemboca en una nueva gruta que alberga un pequeño lago de unos 40 metros de ancho.

Continua a partir de aquí una galería horizontal que se extiende a lo largo de algo más de un kilómetro, para virar luego hacia el Oeste e iniciar una bajada poco pronunciada. Por este camino se llega al cabo de una hora larga de marcha a una nueva gruta, mucho más pequeña que la anterior, y que también posee un pequeño lago interior.

Al retirarse el agua de este lago -fenómeno que se produce en determinadas circunstancias- aparece en su fondo, a unos diez metros de profundidad, una galería lateral. Al cabo de unos metros, una larga escalera ascendente conduce hacia un nuevo pasadizo superior, horizontal, extremadamente estrecho y de algo más de un metro y medio de altura, que avanza en espiral. Al final, una escalera descendente muy pronunciada. Un poco más adelante, una nueva cavidad, en cuyo centro se halla una especie de altar. Más allá, un enorme pórtico abre el paso a una galería ancha, que se desanda cómodamente hasta llegar a una suave pendiente que desemboca en una gruta.

En esta gruta, una luz procedente de una especie de lámpara giratoria ilumina numerosas esqueletos humanos totalmente recubiertos de oro. Junto a ellos, ingentes cantidades de joyas de todo tipo. En el centro de la estancia se halla una mesa o pupitre de piedra, sobre el cual se hallan unos libros cuyas hojas son de oro. Sus páginas están cubiertas de jeroglíficos, y contienen la historia de todas las civilizaciones de la Tierra.

Allí moran los habitantes de estas cavernas. Más bajos que nosotros, se mueven como sombras en la penumbra. Ningún extraño debe tocar nada de lo que allí ve. De lo contrario, nunca más hallará el camino de salida.


Andreas Faber Kaiser

mapa cueva tayos
+ Theo Toulkeridis
El geólogo Theo Toulkeridis explica el propósito de la próxima expedición a los Tayos.

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